Manos

ME miro las manos y veo en ellas

el murmullo de mis primeras sonrisas,

y me pregunto

cómo fueron posibles esos siglos

enanos de inconsciencia y alegría

al borde de una piscina llena

de muertos tranquilos y soleados.

 

Y me pregunto cómo pudo ser

que nada de aquel lento cadáver de luz

luchara por perdurar en mí.

Y me pregunto por qué hubo

un tiempo en que yo no dudaba

en abrir cualquier puerta

para quemar una nueva soledad

o para ensuciar un nuevo

amor sin ojos y sin voz.

 

Y me pregunto

por qué de pronto perdí el valor

para masticar los trofeos de angustia

que los dioses dibujaban

sobre las copas lacias del alba.

 

Me miro las manos y veo en ellas

a un fantasma en forma de cama

que implora perdón

a una mujer que llora por el destino

de sus hijos transparentes,

y veo una orquesta de aves

rompiéndose en la oración del vacío

a una hora en que las nubes se humillan.

Y me pregunto por qué esta

mañana es tan tediosa y demente

como una ciudad de muñecos de nieve.

Y me pregunto por qué

al mirarme las manos solo veo

las fotos rencorosas y ebrias

de un muerto sin muerte que sigue creyendo

en la honradez de su nostalgia

y en el ritual de sus falsos pasos.

 

caspar_david_friedrich_mujer-asomada-a-la-ventana-1822

Mujer asomada a la ventana, 1822, Caspar David Fiedrich

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